—Ismael, querido. Te presento a mi hija Camila.
—¿Ella es Camila? Qué coincidencia… —dice, pero antes de que pueda seguir, le haces señas para que no diga que trabajan juntos—. Me parece haberte visto en tribunales.
Estás agradecida por eso.
—Seguramente, ya que Camila trabaja para el bufete más reconocido de la ciudad —dice tu padre y te sientes avergonzada por lo que agachas la cabeza.
—¿Sí? Me alegro mucho por su hija. Recuerdo que mi socio también hizo su pasantía ahí y me comentó que fue m