Lisandro y Camila viajan en silencio por la ciudad, sentados uno junto al otro en la lujosa limusina. Las luces de la ciudad destellan a través de las ventanas. La tensión entre ellos es palpable, una mezcla de recuerdos compartidos y heridas no cicatrizadas.
Lisandro ha salvado a Camila de una situación peligrosa, y ahora, mientras el coche avanza suavemente por las calles iluminadas, ambos se encuentran perdidos en sus propios pensamientos. Camila mira por la ventana, intentando procesar todo