Después de terminar los trámites pendientes en el trabajo, vuelvo ansiosa a mi casa a esperar a Fernando. Me baño, me cambio, limpio, y pronto me quedo sin nada que hacer. Estoy nerviosa. Empiezo a desconfiar del reloj; no es posible que los minutos pasen tan lento.
Me siento desganada, no quiero investigar ni leer nada, solo espero que ese maldito reloj dé las ocho. ¿Y si se le hace tarde? Estoy devastada, no había pensado en eso. Tal vez no va a poder venir. ¿Qué haré si no hace? ¿A dónde podr