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Capítulo 1
Narra Catalina Anderson
Mi padre y mi madre habían muerto en un terrible accidente hace un año, me dejaron con una gran herencia que yo no sabía manejar, dinero, acciones, inversiones, propiedades.
Decidí confiar en la única persona que me quedaba, al que más me aferre, mi novio Paul McCartney.
Los dos nos amabamos, Paul era el hijo del chófer de papá, pero nunca me importo que no tuviera dinero y se que me amaba con locura.
—Quiero que seas mi esposa, te amo, pero no quiero que pienses que es por interés —Paul me dio un beso suave en los labios
Accedí, lo amaba, el se había convertido en mi único refugio, y confiaba en el ciegamente.
Después de la boda, le di todos los poderes necesarios para que se hiciera cargo de los asuntos financieros de mi familia
Con el pasar de los meses, la depresión me gano, me engorde varios kilos, ya no me arreglaba como antes, Me la pasaba varios días encerrada en mi habitación, esperando que una luz me iluminará el camino que debía seguir.
—¡No me toques! No te deseo, eres una gorda asquerosa —me rechazaba Paul cada vez que intentaba tener intimidad con él.
Lo peor es que por mi estado. Por mis miedos aceptaba sus reproches y sus humillaciones.
Empecé a ir al gimnasio, apesar de las burlas de los demás. Conoci a Cassandra Baldrich, una bella mujer que se hizo mi amiga de inmediato.
Cassandra era la hija bastarda de un poderoso industrial, Hank Baldrich, pero este no la reconoció nunca.
Me daba consejos, me apoyaba y se convirtió en otra parte de mi, Paul y Cassandra se volvieron la base de mi vida y poco a poco quede a su merced, tanto así que me aleje de mi amiga de la infancia Lucía, no se qué tenía Cassandra pero absorbía mi tiempo y mi vida.
—Dame ese anillo, lo quiero amiga —me señaló el anillo de mi mano con un tono caprichoso.
—Es que... Ese anillo es el de bodas de mi madre... No creo que ...
—¡Dáselo! —Paul me agarró de la mano y me lo quito para dárselo a ella.
Lo tolere, muchas de esas situaciones, una y otra vez.
Una noche todo cambio, le dije a Paul que no estaría en casa, pero planeaba darle una sorpresa.
Me quedé en la habitación con un conjunto de lencería negro que esperaba me ayudara con mis curvas, quería reavivar la llama de nuestra relación.
Escuche pasos. Risitas y besos en la planta baja, con lágrimas en los ojos decidí bajar al primer piso, las manos y las piernas me temblaban en ese momento.
Allí vi la escena que me rompió el corazón:
Cassandra semidesnuda sentada encima de Paul, cabalgando mientras se besaban con una pasión desmedida.
Me paralice, la rabia que sentía en mi pecho salió como una llamarada que me quemo el alma en un instante
—¡¿Que están haciendo malditos?! —le grite acercándome más rápido, agarre de los cabellos a Cassandra y la tire al suelo.
Paul me dio una fuerte cachetada que me hizo caer sentada mientras yo lo miraba aterrada, incrédula de esta situación.
—¡Nunca la toques! Cassandra es la mujer que amo —me gritó mientras tomaba las mejillas de Cassandra y se aseguraba que estaba bien.
No podía creerlo, era la peor traición, sentía como el alma se me partía en dos
—Vayanse los dos de mi casa —les pedí con la voz quebrada —No quiero volver a verlos en mi vida.
Paul me agarró del brazo, me miró con rabia y con enojo, nunca pensé que el podía verme de esa manera, no después de tantos años de entrega, en las que vivía para él.
—La que se tiene que ir eres tú, La casa ahora es mía, al igual que las empresas y todo lo que te dejo tu familia.
Negué con la cabeza, no podia ser verdad, se acercó a la mesa de la sala, me tiró en la cara varios documentos que saltaron por el aire.
Con las manos temblorosas los tome del suelo, al verlos me di cuenta de mi error, cuando nos casamos le firme un poder, con todas las libertades para manejar mi dinero.
Paul había traspasado absolutamente todo a su nombre, nada era mío, estaba en la calle.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? Después de todo lo que hice por ti —mis labios temblaban, pero las lágrimas dejaron de salir como si mi alma se hubiera cansado de llorar.
—¡No hiciste nada por mí! Al contrario tú deberías estar agradecida que seguí al lado de una gorda.
Me tomo del brazo con fuerza y me saco de la mansión, caí al suelo en un charco de barro.
En ese momento el alma se me lleno de algo oscuro, la debilidad que alguna vez sentí en mi vida de desvaneció para estar llena de rabia, de odio.
—No te quiero volver a ver, un abogado tramitará el divorcio —fue lo último que me dijo.
Cassandra salió a su lado y tomo su brazo con una sonrisa
—Deja de humillarte y vete —beso a Paul retadora, me humillaba y entendí que siempre me envidio porque yo si fui amada por mi familia —Paul es feliz conmigo.
Me levanté del suelo, los miré con frialdad
—Los dos se van a arrepentir de esto, se los juro







