Sean se sentó con las piernas encima de la mesa.
Quería fumar, pero consciente del embarazo de su esposa, decidió abstenerse por la salud de ella y el bebé.
Pensó en beber alcohol, pero temió que su hijo pudiera volverse alcohólico en el futuro. Se sentía en un dilema, pero debía abandonar sus malos hábitos.
"Ya llegaron", dijo Luis informándole.
Sean asintió, ansioso por ver al traidor que había revelado su identidad al enemigo.
"¡Suéltame, James!"
Desde afuera se oyó una voz suplicante. Era