"¡Maldita sea!" maldijo Axel pasándose la mano con fuerza por la cara.
El joven no podía hacer más que quedarse de pie mirando cómo el gimnasio de boxeo que había construido con tanto esfuerzo ardía por completo. Había comprado ese lugar con mucho sacrificio, deseando tener su propio negocio y no depender más de su padre, quien ya no se preocupaba por él.
"¡Que alguien apague este fuego, por favor!" suplicaba Axel desesperado.
Para cuando llegaron los bomberos, el edificio de dos pisos ya estab