Capítulo 22. Destello de tranquilidad.
Max estaba a punto de cruzar la puerta de la mansión cuando de pronto, sintió una mano suave pero firme en su brazo. Se volvió y vio a Norah, que lo miraba con una mezcla de preocupación y determinación.
—Max, espera —dijo Norah, guiándolo hacia el jardín, lejos de las miradas curiosas de los demás. —Necesito hablar contigo sobre Elisa.
Max frunció el ceño, sabiendo que la conversación no sería fácil.
—¿Qué pasa? —preguntó, tratando de mantener la calma.
Norah lo miró fijamente, con la voz baja