Adriel me lanzó a la cama suavemente y en un dos por tres se desnudó, tomó la camisa que llevaba puesta y la abrió de golpe haciendo que los botones salieran disparados.
— Luego buscaremos esos botones para pegarlos a la camisa.
— No te preocupes que tengo un montón de esas camisas.
— Probablemente sea carísima por lo tanto buscaremos los botones.
— ¿En serio estamos hablando de mi camisa en estos momentos que me tienes al borde de la locura?
— No sé porque no has hecho tu trabajo querido.
Adri