Lara
La mañana comenzó como cualquier otra desde que fue forzada a esa prisión de lujo. No había salido del cuarto desde la noche anterior, cuando Khaled intentó convencerla de aceptar su destino. Como si fuera sencillo. Como si pudiera aceptar haber sido vendida como un objeto y enjaulada en una jaula de oro.
El sonido de tacones sobre el mármol resonó en el pasillo, y segundos después, unos golpes en la puerta anunciaron la llegada de alguien.
—Adelante —dijo, sin mucho entusiasmo.
La puer