Lara
El camino de regreso fue silencioso, pero no incómodo. Estaba recostada en el asiento del coche, sintiendo aún el perfume de las dunas en mi cabello, la memoria de las estrellas grabada en mi piel. Miraba de reojo a Khaled mientras conducía. Parecía relajado, con una mano en el volante y la otra entrelazada con la mía, como si no fuera a permitir que el mundo nos separara ni por un solo segundo.
Llegamos a la mansión y todo parecía demasiado tranquilo. La entrada estaba iluminada suavemen