Narrado por el Sheikh
El coche serpenteaba entre las piedras del desierto como si cortara carne antigua. El sol ardía alto, y la arena reflejaba el calor que danzaba sobre el camino. Miraba por la ventana sin ver realmente, los dedos firmes sobre mi bastón de marfil. A mis sesenta y cinco años, aprendí que los verdaderos enemigos no gritan. Simplemente llegan. Como Khaled.
El convoy se detuvo frente a la propiedad de Hamzah, y los sirvientes se apresuraron, abriendo las puertas como si mi silen