Lara
El coche se detuvo frente a un hotel elegante, pero discreto, en el centro de Dubái. No conocía el lugar, pero sabía exactamente qué tipo de sitio era. De esos donde la gente rica se esconde… o donde los sucios se disfrazan de respetables.
Dos de los hombres de Khaled me acompañaron hasta la entrada. Uno de ellos me miró con seriedad, sin rastro de emoción.
— Veinte minutos. Si no sales… entramos.
Asentí. Tenía las manos sudadas. El corazón golpeando como un tambor dentro de mi pecho, mar