Maisha
Ya había visto a Sahir algunas veces antes, siempre al lado de Pashir, en reuniones o eventos discretos, pero nunca había estado tan cerca de él. Confieso que me sentí intimidada. Había algo en su postura que no necesitaba gritos para imponer respeto. Era el tipo de hombre que hablaba bajo y aun así hacía que todos escucharan.
Me cambié de ropa en silencio y volví a la sala de exámenes. La médica me cubrió con la tela apropiada e inició el procedimiento. El gel frío tocó mi piel y, segun