Adir
El mercado nocturno estaba completamente lleno cuando llegué. La seguridad tuvo que abrir un corredor humano para que yo pasara, de tanta gente circulando entre las luces, barracas sofisticadas y música en vivo. Subí a la zona reservada, saludé a los aliados con un simple gesto de cabeza y me acomodé con un vaso de whisky en la mano, observando todo con aparente calma.
Los hombres empezaron a hablar sobre rutas, cargamentos y acuerdos comerciales. Como si el escenario ya no estuviera lo su