Lara
El sol de Dubái comenzaba a bajar cuando el coche entró por el portón de la casa de mi hijo. La luz dorada de la tarde golpeaba las paredes claras de la mansión y hacía que todo pareciera aún más silencioso de lo normal. Yo conocía ese lugar mejor que cualquier persona, después de todo, fui yo quien acompañó cada etapa de la construcción de esa casa. Aun así, cada vez que llegaba allí, sentía una mezcla extraña de orgullo y responsabilidad. Aquella casa representaba lo que mi hijo había co