Zayd
Cuando digo que un hombre en mi posición no tiene un minuto de paz, nadie me cree. Pasé el último mes entre Dubái y Abu Dabi solo para asegurarme de que Viyan estuviera a salvo en el palacio de Sahir. Quería creer que, con el tiempo, encontrarían algún equilibrio. Pero no lo hicieron. Apenas pueden intercambiar tres palabras sin que la tensión domine el ambiente.
Ha pasado un mes, y la situación solo empeora. Mi madre ya dejó claro que quiere regresar a Al Zahra — la Ciudad del Oro, como m