Adir
Lo primero que sentí no fue dolor, fue peso, un peso absurdo, sofocante, como si mi cuerpo hubiera sido hundido en algo demasiado denso para reaccionar, como si cada músculo estuviera atrapado, bloqueado, lejos de mi voluntad, y durante unos segundos no logré entender si aquello era real o si todavía estaba atrapado en algún tipo de inconsciencia que no quería soltarme.
Respirar exigía esfuerzo, pensar exigía aún más, y había una lentitud extraña dentro de mi cabeza, como si todo estuviera