KHANDRA
Cuando ellos salieron, el silencio que quedó en la habitación era pesado.
Maisha estaba sentada en la cama, con las manos apoyadas sobre el vientre, la mirada perdida en algún punto distante del suelo. Me acomodé en el sillón a su lado, manteniendo una distancia respetuosa.
No éramos amigas.
No había suficiente intimidad entre nosotras para conversaciones profundas. Existía respeto, quizás incluso cierta empatía… pero cercanía, no.
Durante algunos minutos, solo el sonido constante del a