Drea
Ooh, lo odio. De verdad odio a ese imbécil, pero estoy empezando a odiarme mucho más a mí misma.
Odio haber caído en el encanto que me esforcé tanto por negar que existía, odio haberlo besado anoche y odio haber lamido su semen del suelo.
Sinceramente, eso es asqueroso.
Me siento repulsiva, y ahora tengo que asumir el hecho de que sentirme así también me ha dejado increíblemente cachonda.
Al menos no está aquí para verme tocarme mientras saboreo el gusto de él que aún me queda en la boca.