Misha
—Quédate en la casa y mantén el teléfono encendido para que pueda llamarte. No te emborraches. No traigas mujeres. Me estoy metiendo en algo muy serio, y si necesito tu ayuda, tienes que poder actuar de inmediato.
Lenin me mira como si hubiera perdido la cabeza.
—¿De verdad vas a México con esa chica?
Me echo la chaqueta al hombro y le dedico una sonrisa arrogante.
—¿Estás celoso o algo así?
Pone los ojos en blanco.
—Vamos, hermano. Al menos podrías haberme invitado. No voy a hacer nada ú