Mundo ficciónIniciar sesiónCAPÍTULO 04
Fabiana Prass No pude alejar al jardinero, aun sabiendo que estoy comprometida con ese Don egoísta. Pero mi tío vio el besito y me metió en un lío, sólo que no me pegó porque me quedaría marcada, pero siguió repitiendo lo mismo durante mucho tiempo. - ¡Creo que ha llegado tu prometido! ¡Menos mal que no ha visto la desvergüenza que has hecho antes! - dijo el tío Amador. Miré hacia abajo y vi dos coches muy caros que se acercaban, así que suspiré molesta por tener que volver a verlo. Cuando llegué abajo me encontré con una chica muy guapa que me entregó una nota. - Soy Laura, la hermana de Don. He venido a recoger tu documento, pero si quieres aprovechar para probarte el vestido, no te quedarás sin ajustes el sábado... - ¿El sábado? ¿Este sábado? - me pregunté y empecé a leer la nota, sintiendo una inmensa rabia hacia aquel hombre. - Parece tan... - Veía a los hombres sacar las bolsas del coche y no entendía nada. - ¿Qué está pasando? - No lo sé, sólo hice lo que me pidió mi hermano... - Quiero hablar con él, ¿puedo ir contigo? - Puedes, pero las maletas se quedan, y también tendremos que comprobar si quiere verte, mira... tendrás que tener mucha paciencia con él, tiene trastorno bipolar y cambia de temperamento y actitudes constantemente, a veces está enfadado durante días e incluso meses, tomando malas decisiones. - Bueno... entonces tendré que contar con suerte.... - Suspiré preocupada y me fui. Cuando llegué me dijeron que estaba en su habitación y me dijeron que esperara en la sala. - ¿Tardará mucho, Laura? - Me pidió que esperara y... - ¿Qué? - Que te ducharas... - ¿Cómo que ducharme? Estaba trabajando, ¡él sabía muy bien en qué estaba trabajando cuando decidió comprarme! - Me levanté casi gritando. - Yo tampoco lo entendía... - respondió en voz baja. - ¿Es ésa su habitación? - Señalé una gran puerta al final del pasillo. - Sí, pero tendremos que esperar... - ¡Esperar, joder! Si dice con orgullo que soy su prometida, que me ha comprado... ¡tendrá que tratarme como tal! - Me levanté furiosa. - ¿Qué haces? - Voy a arreglar unas cosas... - Salí como un huracán y corrí hacia su habitación antes de que nadie pudiera detenerme, y luego abrí la puerta de par en par. Nunca imaginé que vería una escena así, y me arrepentí en cuanto entré. Don estaba en un sillón, con los pantalones bajados, y una mujer prácticamente desnuda con el pelo decolorado estaba metiendo la cara en algo entre sus piernas, con el trasero desnudo al descubierto, podía ver claramente sus partes íntimas, ya que sólo llevaba medias y una minifalda que casi le llegaba a los pechos, que tampoco estaban cubiertos. Tenía la mano en su cabeza y parecía estar tirándole del pelo, moviendo su cara hacia ella a su antojo. - ¿Qué es eso? - Giré la cara para no ver, y tuve la impresión de que no se habían detenido. - Soy yo el que pregunta... ¿Qué haces en mi habitación si te ordené que te ducharas? - ¡Tú no me das órdenes! ¡Jamás dejaré que me des órdenes! - Le miré rápidamente, que sacó unas gafas de sol al mismo tiempo, dándole un puñetazo en la cara a la chica, y no pude evitarlo, miré y entendí muy bien lo que estaba pasando. - Susany, ¡para un momento! ¡Tendremos que continuar más tarde! - Habló con voz fuerte y autoritaria, y yo vi parcialmente algunas cosas, luego volví la cara y apenas la miré a la cara. - ¿Es ésta tu prometida? - rió la mujer, burlándose de mí. - ¡SAL DE AQUÍ, SUSANY! - gritó y me sobresalté. La mujer empezó a vestirse y yo me volví hacia la pared. Oí el ruido del portazo y me sobresalté cuando se dio la vuelta, pero evadí su mirada y me quedé mirando la pared. - Eres idiota, ¿lo sabías? ¿Por qué no te casas con esa puta y me dejas en paz? - Me empujó contra la pared, me pasó la mano por el cuello y me asusté. - ¡Yo elijo con quién me caso! No te he dado la libertad de hablarme así, ¡contrólate! - No podía verle los ojos, sólo el pelo, que ahora estaba sin boina, y me di cuenta de que no era un hombre feo, pero sus actitudes lo hacían desagradable para mí. - ¿Por qué me amenazó en esa nota? ¿De verdad crees que voy a ceder ante ti? ¿Que voy a someterme a tus órdenes, quitarme la ropa y dejar que juegues conmigo como una marioneta? - se puso furioso y me apartó de un tirón de la camisa, llevándome al otro lado de la habitación. - ¡Te enseñaré a empezar a ser obediente! - ¡DÉJAME IR! QUÉ VAS A HACER, ¡SUÉLTAME! - Grité mientras prácticamente me arrastraba hasta el cuarto de baño y luego me arrancaba con rabia la camiseta, me levantaba de los brazos y me tiraba al suelo. - NO ME HAGAS DAÑO, POR FAVOR... SUÉLTAME, ¡DÉJAME EN PAZ! - no pareció escucharme, me bajó los pantalones y por más que forcejeé era demasiado fuerte y no pude detenerlo. Don abrió la ducha y me metió bajo el agua, lo que me causó mucha rabia, y aunque le pegué y le di puñetazos en los hombros, siguió sujetándome bajo la ducha. - Te ordené que te ducharas, ¡la próxima vez te aconsejo que no te enfades y me obedezcas! ¡Podrías haber venido por tu cuenta! - Cogió algo con la mano y me lo pasó por el pelo, lavándomelo, y yo me encogí, mis brazos ocultaban mis pechos, que, aunque seguía con el sujetador puesto, me avergonzaban, nunca me había puesto delante de un hombre sólo con mi lencería, y lloré disimuladamente, no quería darle ese gusto, no lo haría. - Quieres que te lo lave todo o te vas a lavar tú? Me pasó una pastilla de jabón y me puso la cabeza bajo el agua, y asustada decidí obedecer, no podía dejar que me tocara. Fue humillante... me sentí fatal y él me soltó y se apartó. - Lo siento... ¡Creo que he perdido el control! Termina de ducharte y le diré a Laura que te traiga algo de ropa, ¡no te molestaré más! - Salió del baño y me senté en el suelo, ahora llorando de verdad, hasta que vi entrar a Laura. - Lo siento... no podía decírtelo, te pidió que te bañaras para no ver a Suzany, creo que su problema ha empeorado, ¡te aconsejo que no te enfrentes estos días! - Hizo una pausa de unos segundos. - Puedes bañarte tranquila, se ha ido... no volverá pronto, puedes quitarte la lencería.... - Gracias... - Respondí en voz baja. Laura dejó la ropa sobre la encimera y se marchó, así que me apresuré a ducharme y vestirme. Me fui con el chofer que me llevó a la casa, eran órdenes de Don, pero le tenía miedo.






