—No es como tú piensas —Pau expresó poniéndose de pie de inmediato.
Andrea sonrió de manera irónica y movió su cabeza negando.
—A mí, sí me lo parece —dejó que escurrieran las lágrimas que se amotinaron en sus ojos—, llevo años sintiendo un profundo vacío en el pecho, llorando por tu ausencia, extrañándote, preguntándome si estabas viva, si estabas bien, hasta que nos informaron de tu deceso, entonces el alma se me congeló y te encuentro en una agradable reunión en compañía de la familia a la q