La piel de Pau se estremeció al escucharlo dudar de su palabra, entonces se puso de pie y por primera vez en su vida lo miró a los ojos sin parpadear.
—El que haya tenido un pasado desafortunado, no me hace una mentirosa —gruñó respirando agitada—, usted mejor que nadie debería comprender lo mucho que cuesta sobreponerse a esas heridas y mostrar un poco de empatía, pero no estoy aquí para convencerlo, estoy por consideración al hombre que amo, y nada más, porque tampoco me agrada —refirió—. Pu