Carlos Gabriel con las manos en los bolsillos de sus vaqueros caminaba por las calles del centro histórico de Oaxaca, sumido en sus pensamientos.
La confesión de Paula María retumbaba en su cerebro, y su corazón se sentía fragmentando, entonces se sentó en una de las frías bancas del parque central, y de pronto una niña de larga cabellera rubia que iba de la mano de su madre pasó frente a sus ojos, y a su memoria se vino el instante que conoció a Pau, dieciocho años atrás, cuando temerosa, abr