El resplandor del camión ardiendo en la frontera todavía se reflejaba en el espejo retrovisor cuando el convoy de Ruda cruzó el portón de hierro de la mansión. Los hombres del perímetro se cuadraron de inmediato, asombrados por la rapidez con la que el nuevo rey había sofocado la primera chispa de rebelión del sur. Iván había regresado a su territorio con el orgullo hecho trizas.
Ruda bajó de la camioneta. El olor a humo y a pólvora quemada se le había quedado impregnado en las fibras de la ca