25.| La carta de Carlota.
—Ya es suficiente, ponte de pie ahora.
La luz del exterior golpeo mi rostro cuando Derrick aparto las cortinas, puse una mueca y lo mire con mala cara.
—Dejame en paz —masculle girandome en la cama para quedar de espaldas—no estoy de humor.
Lo escuche soltar una risa pero no fur graciosa, si no una llena de ironia.
—¿Te crees que yo si? He estado fuera por semanas intentando solucionar tu vida, y tú ni siquiera puedes levantarte de la cama.
—Porque no quiero hacerlo —aprete los labios —adem