Recuerdo la primera vez que viajé a Europa, a Dinamarca, específicamente.
Y fue tan cansado como este viaje, con la diferencia de que el otro fue más ameno, a pesar de que había más gente y no te traían el trago de licor al asiento, porque estaba en clase económica.
Pero había caras mucho más felices que en esta ocasión, a pesar de que tan solo somos siete pasajeros, contando a los guardaespaldas.
Por cierto, mi mejor amiga tuvo que quedarse, gracias a que este montón de gente se coló y no hubi