Cuando Dylan dijo que tenía un yate, yo solamente me vi recostada en el camastro de una cubierta, luego de lo cual, me daría un buen chapuzón en el mar de Liguria.
Y es cuando me doy cuenta de lo ilusa que soy, considerando que tiene un avión privado y que puede darse los lujos que le dé la gana, después de todo, me ofreció tantas cosas, solamente para que aceptara ser su esposa durante todo un año.
― ¡Vaya, vaya, Dylan Pemberton! ―se le escapa decir a Neil con genuina sorpresa―sí que has gasta