Entonces, me doy cuenta de que llorar no vale la pena y, peor aún, alguien puede notarlo, sobre todo, porque mi flamante esposo se encuentra en otra terraza, besándose con su amante.
Además, no es que él sea mi esposo de verdad, porque ha contratado mis servicios y yo tengo que cumplir, después de todo, ya me ha pagado por adelantado.
Así que me voy de inmediato a mi habitación, la cual se encuentra vacía, así que supongo que el beso de Dylan con la piruja esa debe haber resultado en algo más,