Capítulo 36
—No digas locuras, Edward —le dije sin pensar —. Santiago no está metido en nada de eso. Estás hablando así por celos.
Él Se quedó mirándome serio, con esa cara tensa que ponía cuando estaba seguro de algo.
—No es por celos, Paulina. Te lo digo porque me importas —respondió—. Desde hace meses me di cuenta de que el dinero de Santiago no es tan limpio. Hay cosas que no cuadran en su mundo.
Negué con la cabeza, molesta, porque me parecía absurdo. Además, me dolía que viniera a meter