Capítulo 21
No supe qué responder cuando Pamela me dijo eso. Sentí que todo me giraba y que no podía pensar con claridad.
Le pedí que me dijera la verdad, que dejara de jugar, que me confirmara si ese hijo era de Edward o no. Ella me miró como si yo fuera una tonta, con esa sonrisa burlona que siempre tuvo desde que éramos adolescentes, esa sonrisa que usaba cuando quería hacerme sentir menos.
—¿Cómo no vas a saberlo? —dijo—. Si eres su esposa, deberías conocer mejor a tu “marido perfecto”.
Lo dijo con un tono lleno de burla, remarcando la palabra “esposa” como si yo no lo fuera realmente. Luego se acomodó el cabello y sonrió con más ganas, disfrutando cada segundo.
—No te sorprendas tanto —continuó—. Edward siempre ha sido un hombre con necesidades. No se iba a quedar con alguien como tú, Paulina. Esa noche solo fue el inicio, pero nuestra relación llevaba años. Tú nunca supiste nada porque él tenía lástima de ti.
Sentí un golpe en el pecho rabia, tristeza y vergüenza, me sentía un