Capítulo 23. Diez alfas y un sujetador
A las cuatro de la tarde descubrí que había cosas peores que tener fiebre.
Tener fiebre sin fiebre.
—Hace calor.
Clara dejó de escribir.
—No.
—Sí.
—Amber, está lloviendo.
—Aquí dentro.
Señalé el aula.
—Parece un horno.
La chica delante llevaba jersey.
El profesor chaqueta.
Clara me miró.
—¿Otra vez?
—No sé.
Me aparté el pelo de la nuca.
La piel estaba húmeda.
La camiseta se me pegaba entre los omóplatos.
Cleo llevaba media hora inquieta.
Will.
—No.
Will.
—Estamos en Derecho Sobrenatural.
Calor.