Capítulo 22. Cleo quiere salir
El problema con tener una loba dentro de la cabeza era que no podía cerrar la puerta.
No existía el botón de silenciar.
Ni modo avión.
Ni siquiera podía fingir que no la escuchaba porque Cleo había descubierto formas bastante creativas de llamar mi atención.
Aquella mañana eligió el calor.
Otra vez.
—No.
Salir.
—Tengo clase.
Salir.
—En cuarenta minutos.
Ahora.
Me quedé tumbada mirando el techo.
Clara dormía todavía.
La habitación estaba fría.
Yo no.
Tenía la camiseta pegada a la espalda.
Me apa