Capítulo 84. Una rival que deja de serlo
Sienna apareció en mi habitación a las diez de la noche.
Sin avisar.
Sin sonreír.
Y con una bolsa de hielo.
La miré desde la cama.
—¿Vienes a terminar el trabajo?
Clara levantó la cabeza desde su escritorio.
—Si la mata, ¿puedo quedarme con sus botas?
—Gracias.
Sienna puso los ojos en blanco.
—Vengo en paz.
—Eso dice la gente justo antes de un asesinato.
Dejó la bolsa sobre mi cama.
—Para tu muslo.
La miré.
Después a ella.
—¿Me estás cuidando?
—No exageres.
Clara se giró completamente.
—Esto no