—No me contesta nunca, Amelia —dijo Madison en un suspiro cansado.
—Dale tiempo. Seguro que acabará por comprender la situación —aseguró esta, con gesto tranquilizador la pelinegra.
Madison bebió un poco de café. Después dejó la taza sobre el pequeño plato y volvió a suspirar.
Desde que Sebastian se fue del apartamento hacía casi un mes, no le había vuelto a ver y aún menos había escuchado ninguna palabra de él. Le había llamado miles de veces y él no contestaba; ni siquiera le devolvía las ll