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¡Mierda! ¿Cuántas veces tendría que llamar al timbre para que le abrieran? Llevaba allí más de dos minutos y su paciencia estaba llegando a la fase límite. Sabía que el piso estaba insonorizado y no escuchaba nada más que los potentes ladridos de Orus detrás de la puerta.

¡Joder! Sabía que, por lo menos, Carter estaba allí. Había visto su coche aparcado en la acera del edificio y hoy era el día libre de Madison, así que también tenía que estar allí.

A no ser que hubieran salido a dar un paseo…
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Elvira Portillopobre, me siento triste por Sebastián, ahora dejo un sabor amargo en Madison
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