Ambos se quedaron en silencio, viendo el hermoso paisaje que había detrás de las cristaleras, viendo cómo los últimos rayos de sol daban la bienvenida a la noche.
—Cierra los ojos —dijo de repente Madison.
—¿Hmm?
—Que cierres los ojos —repitió con voz cansina, dándose la vuelta entre los brazos del castaño—. Vamos, que no te voy a hacer nada —inquirió impaciente.
Carter suspiró con pesadumbre y cerró finalmente los ojos.
—Espero que no sea ninguna de esas bromas tontas y cursis de enamorados, o