Astrid
Concluí la última de mis reuniones ese día con una sonrisa cortés que ocultaba lo verdaderamente agotada que me sentía. Para cuando firmé el último montón de documentos y se los entregué a la secretaria, me dolía la muñeca y tenía un leve dolor de cabeza. Aun así, había una tranquila satisfacción al saber que el día había sido productivo. Se había avanzado. Se habían tomado decisiones. Estaba haciendo exactamente lo que me había propuesto.
Recogí mis cosas, guardé la tablet en mi bolso y