Astrid
La pregunta quedó suspendida entre nosotros, pesada, como si el aire mismo se hubiera espesado a su alrededor. La tensión crecía con cada segundo que pasaba, y estaba segura de que no era la única que la sentía.
Mantuve la mirada fija en Aiden, negándome a apartarla, y en ese momento estirado de silencio noté cómo su mandíbula se tensaba, solo un poco, pero lo suficiente para delatarlo. Sus hombros también se endurecieron, y la confianza relajada que había mostrado antes se transformó en