Aiden
Era un ritual, uno arraigado en los huesos del palacio y de la manada mucho antes de que yo tomara mi lugar como Alfa. Cada cierto número de años, a veces antes si el ánimo lo pedía, el palacio era rediseñado. Las paredes se repintaban, los muebles se reemplazaban, los espacios se reimaginaban. No solo por belleza, sino como recordatorio de que estábamos vivos y evolucionando.
Me encontraba en el centro de la casa, con las manos metidas en los bolsillos de mis pantalones de chándal grises