Astrid
Hoy no fui a trabajar.
En cambio, me quedé en mi habitación, con las pesadas cortinas entreabiertas, dejando entrar solo la suficiente luz para recordarme que el mundo seguía girando aunque yo no lo hiciera.
Pasé la mañana revisando documentos desparramados sobre mi escritorio y mi tableta. Contratos, proyecciones, cronogramas de adquisiciones, números y palabras que tenían sentido, a diferencia de las emociones. Agradecí la familiaridad de todo aquello. Los negocios nunca te decepcionaba