Astrid
Estaba sentada en mi sillón del despacho, con el portátil abierto frente a mí, su pantalla brillando suavemente en la habitación poco iluminada. El aroma a madera pulida y a lavanda tenue llenaba el aire, anclándome. Frente a mí, Rosa estaba sentada muy erguida con una gruesa carpeta abierta ordenadamente sobre su regazo; su expresión era profesional y alerta. Todo en su postura me decía que tenía noticias… buenas noticias.
—Dame el informe —dije con calma, juntando las manos sobre el es