Selena
Cerré mi portátil con más fuerza de la necesaria y me levanté de la silla, ajustándome la bata con más firmeza mientras comenzaba a recorrer la longitud de mi habitación. La suave alfombra bajo mis pies no hizo nada por calmar mis nervios. Por más que intentara apartarlo, el rostro de Astrid seguía apareciendo ante mis ojos. Esa expresión serena, refinada y triunfante que tenía el día de mi compromiso.
Me enfurecía.
Las cosas entre Rowan y yo llevaban días agriándose, tensas hasta el lí