Selena
Cerré mi portátil con más fuerza de la necesaria y me levanté de la silla, ajustándome la bata con más firmeza mientras comenzaba a recorrer la longitud de mi habitación. La suave alfombra bajo mis pies no hizo nada por calmar mis nervios. Por más que intentara apartarlo, el rostro de Astrid seguía apareciendo ante mis ojos. Esa expresión serena, refinada y triunfante que tenía el día de mi compromiso.
Me enfurecía.
Las cosas entre Rowan y yo llevaban días agriándose, tensas hasta el límite.
Normalmente, lo habría ignorado. Rowan siempre regresaba a mí al final. Siempre lo había hecho. Pero las palabras de Mira resonaban sin cesar en mi mente, negándose a dejarme descansar.
Necesitas arreglar las cosas con él. Asegúralo. Dale un heredero.
Apreté la mandíbula mientras caminaba, mis pensamientos girando una y otra vez alrededor de la misma fea verdad. El regreso de Astrid lo había desestabilizado todo. No solo mi compromiso. No solo mi posición.
Todo.
Aunque aún no había hecho n