Punto de vista de Selena
Cerré la puerta de Rowan de un portazo y corrí por el pasillo, sujetando el dobladillo de mi vestido para no tropezar. Mi pecho ardía; la rabia y la humillación se enredaban hasta que me costaba respirar. Un par de sirvientas se quedaron paralizadas al verme pasar, con los ojos abiertos por el miedo.
«¡Apartaos de mi camino!», espeté.
Se dispersaron al instante: algunas se metieron en corredores laterales, otras bajaron la cabeza y fingieron estar muy ocupadas. Su miedo