Aiden
Aprendí muy temprano en mi vida que el poder no siempre era ruidoso. A veces, el poder era el silencio. A veces, era elegir no presentarse. Ser el Alfa de una manada y el CEO de una empresa multinacional me otorgaba un privilegio particular: yo decidía cuándo empezaba el trabajo y cuándo terminaba. Yo decidía cuándo aparecer en la oficina y cuándo no.
Hoy había elegido no salir de la casa.
El palacio estaba más silencioso de lo habitual; los sonidos del ajetreo y las actividades estaban a