Me desperté sonriendo.
Era ese tipo de sonrisa que nacía de algún lugar profundo, de esas que se instalaban en los huesos antes siquiera de estar completamente consciente. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas, proyectando suaves brillos amarillos sobre mi rostro y calentándome la piel. Me estiré perezosamente bajo las sábanas, sintiéndome ligera, sin cargas y casi irreal.
Por un momento, simplemente me quedé sentada en la cama, dejando que la tranquila mañana me envolviera.
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