Punto de vista de Aiden
Recorrí de un lado a otro mi despacho, las botas marcando un ritmo contra el suelo pulido. El sol se filtraba débilmente por los ventanales altos, atrapando motas de polvo, pero sin hacer nada por aliviar la tensión que me cortaba las venas. Mi beta, Gary, permanecía junto al escritorio, hombros cuadrados, esperando mi siguiente orden incluso antes de que la diera.
—¿Ha aterrizado su vuelo sin problemas? —pregunté sin detener el paso.
—Sí, Alfa Aiden —respondió Gary—. Ll