Astrid
—Espera, espera.
Me senté más recta en mi silla, con los ojos todavía pegados a la tablet en la mano de Rosa.
Rosa ya había pasado la imagen, pero algo en ella había captado mi atención tan fuerte que mi corazón de repente latía más rápido.
—Regresa —dije rápidamente.
Rosa frunció el ceño ligeramente.
—¿Qué?
—Regresa —repetí.
Aún confundida, deslizó el dedo por la pantalla y volvió a la foto.
La imagen llenó la pantalla otra vez.
Me incliné hacia adelante, mirándola con atención, una y