Astrid
—¿Ella le ayudó a crear los diseños?
Hice la pregunta con calma, aunque mis ojos nunca dejaron a Alana.
Ella seguía apoyada contra la pared como si fuera la dueña de la habitación, observándome con esa misma mirada presumida y satisfecha en el rostro. El tipo de expresión que alguien pone cuando cree que acaba de ganar algo importante, un trofeo, tal vez.
La diseñadora asintió con entusiasmo.
—Sí, Luna —respondió—. La señorita Alana me guió durante la mayor parte del proceso. Me ayudó co