—¿Sabes hermana? Cuida lo que dices, porque de una boca tan linda no debería salir tanta basura —le sonrío.
—Mejor cuida tu casa, debe estar infectada de pulgas —me devuelve la sonrisa y yo me pongo serio.
Sin embargo, no le digo nada, entro a la oficina de mi padre y cierro la puerta.
—No puedo creer que no tenga algún remordimiento de conciencia por mentir y hacer publica nuestra situación —me quejo con mi padre sobre Paulina.
—Y espero que se mantenga así —dice mi padre sentándose en su